lunes, 12 de marzo de 2012

We are from Dilmer


"Somos de Dilmer", contestamos el otro día cuando el camarero de un kebap cualquiera nos preguntó de qué país éramos.
A la mesa estábamos Sean, Vincent, Yasmina, Paul, Deniz y yo. Pero somos más, unxs cuantxs más.

Tenemos clase tres días a la semana, lunes, miércoles y jueves; tres horas por día. El curso, para principiantes, dura ocho semanas y me ha costado 270 euros (con libros y descuento para estudiantes inlcuidos).

Nuestro profesor tiene el típico nombre turco que nunca recuerdo. Es majete, kemalista, tiene pinta de borrachín y estoy segura de que juega la quiniela cada semana. Su equipo es el Fenerbahçe, y no habla nada bien inglés. Nos entendemos como podemos; el otro día llamó al congelador "armario de hielo".

En cuantos a lxs compañerxs, son catorce. 

A mi lado se sienta Kelsey, una americana de veintimuchos que enseña inglés en una escuela primaria. Del otro lado está Sean, un irlandés muy típico que también enseña inglés, pero en una facultad de medicina. Siempre viene con corbata, dice que le hace parecer mayor, porque con sus 24 años nadie le hace mucho caso en clase. Después está Vincent, un francesito de Lille que está estudiando economía con una beca Erasmus y vive lejos, muy lejos, en el lado asiático. Junto a él se sienta Charlie, un alemán que estudia, también de Erasmus, alemán y biología (¿?), y sale corriendo de clase todos los días porque tiene una cita Skype con su novia. Ahmed es argelino, ronda la cuarentena, y ha venido aquí unos meses, a ganar algo de dinero. Me viene muy bien, porque así practico el árabe, y además es un cachondo. Piero es italiano, estudiante Erasmus, que tiene clases en turco y nos cuenta como las pasa viendo las imágenes de sus libros de texto. Yasmina es alemana, no habla mucho, y está aquí como yo, estudiando algo de turco. Carmen es gallega, y maestra de castellano en una escuela. Siempre se marcha rapidito de clase, porque vive lejos y trabaja mucho más lejos. Deniz es medio turca medio italiana, pero se ha criado en Alemania, y ahora está aquí de "au pair" con una nenita de dos años. Es encantadora, y se apunta a un bombardeo. Luego está Matteo, un postdoc italiano que investiga en el departamento de matemáticas de una universidad muy lejana. No le soporto. No me ha hecho nada, pero me irrita, y sólo parece interesarse por las chicas de la clase. Paul es austriaco, trabaja en algo relacionado con el periodismo y tenemos una amiga en común, Laura Kepplinger, que hizo el máster conmigo el año pasado. Y por último lxs libios, que se incorporaron una semana tarde a las clases, y andan algo perdidxs. Una de ellxs trabaja en la embajada libia, y ha venido con su hermano, que también estudia en clase. La otra vive aquí, pues es su marido el que trabaja en la embajada. Son encantadoras, y aprovecho los descansos para no olvidar el árabe y echarme unas risas con ellas. Tengo tantas preguntas que hacerles...

Y esta es la gente con la que me junto y salgo a tomar algo, o a jugar al billar, o ver una peli en el cine... aunque lo más probable es que después de clase vayamos al kebap de siempre a tomarnos un durum (según Sean y Vincent, los mejores durum de toda Turquía), y luego al Eski Beirut (donde las cervezas valen 2TL; menos de un euro) hasta las 23h, a bailar un poquito. 

El primer día que fuimos al Eski Beirut me encontré con una chica polaca que me preguntó "¿Te acuerdas de mi?", Pokerface. Habíamos visto juntas el piso de la fumadora empedernida que os contamos, pero mi mente únicamente había retenido el terrorífico ambiente de esa casa. Parece que al final encontró un buen piso, y que va bastante por el Eski Beirut... Al final, Estambul no va a ser tan grande...


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